UA-28861861-1 Fotos Antiguas de Mendoza, Argentina y el Mundo de cada década desde 1880: 04/23/16

sábado, 23 de abril de 2016

Los modelos de Trolebuses que circulaban en la Ciudad de Mendoza en el año 1969


23 de abril 1995 Día Mundial del Libro y del Derecho de autor, promovido a partir de ser la fecha que fallecieron Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Foto: Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional, año 1973.



Foto Sara Facio

Carrera de autos sobre hielo. c.1890


Plaza Independencia. Ciudad Capital de Mendoza (año 1906)


Las riquezas que la montaña acuñó Cómo y para qué fueron utilizadas las Bóvedas de Uspallata. Aquí derribamos los mitos que pesan sobre ellas.

A unos pocos kilómetros al norte de la cabecera de la Villa de Uspallata, emerge en el paisaje agreste, un edificio donde funcionaron hornos de fundición a fines del siglo XVIII y principios del XIX. El sitio, conocido como “bóvedas de Uspallata”, fue declarado monumento histórico en 1945; durante el gobierno de facto del general Farrell. Por muchos años se lo relacionó con la gesta sanmartiniana: decían que en ese lugar fueron fundidas, por fray Luis Beltrán, piezas de artillería para el Ejército de los Andes. Pero una gran documentación dio por tierra estos dichos y se comprobó que no tuvo ninguna relación con aquella épica hazaña. 
Entre el pico y la pala
Durante los siglos  XVII y XVIII, Uspallata fue el centro de la minería y significó la posibilidad de obtener riqueza con suerte y mucho sacrificio. 
El establecimiento de muchos  mineros en la zona creó una importante perspectiva económica para la región cuyana. Aquellos hombres, llegaban con sus mulas, picos, palas  y grandes sueños para descubrir alguna veta de oro o plata.

Fue en 1774 que se erigió un “ingenio” y un horno en tierras de la Orden Dominica, frente a la posta de la misma localidad. Este establecimiento producía gran cantidad de plata que era enviada a Santiago de Chile.
El mineral provenía de las minas del Paramillo, de las del Rosario y otras aledañas. Luego de cinco años, varias de las minas cerraron, agotadas, y el lugar quedó abandonado.
Luego de una década el catalán Francisco Serra y Canals, uno de los hombres más progresistas en la Mendoza colonial, descubrió el oro que volvió a entusiasmar a otros aventureros para reactivar la industria minera.
La ruta de los doblones del rey
Por aquellos tiempos, el camino real que unía Santiago de Chile con Buenos Aires era esencial para transportar miles de doblones que se acuñaban en la Casa de la Moneda (actual palacio presidencial del país trasandino). La materia prima era enviada desde Uspallata y transportada en mulas. 

Luego de varios días de viaje, y de atravesar la cordillera, los llamados “muleteros” depositaban sus cargas en “La Moneda”, para después pasar a labrarlas a golpe de martillo o con prensas. Las piezas tenían diferentes valores y se depositaban en bolsas de cuero: “zurrones”; que eran conducidos nuevamente a Mendoza. De aquí partían a Buenos Aires para enviarlas, en buque, a España. 
La bóveda de acero
Manuel Ignacio, Francisco Javier Molina y el español José Moret apostaron a invertir en el “laboreo” de las minas de Uspallata. 

En 1790 iniciaron la construcción de un establecimiento que contaba con un horno de fundición, tres chimeneas y un trapiche hidráulico para la molienda. Lo ubicaron a unos kilómetros al norte de la citada posta, en el paraje San Lorenzo Mártir (allí están hoy las “bóvedas”). Esta empresa -que perteneció en gran parte al rey de España- buscaba la explotación y fundición de plata.
Después de los hechos de Mayo de 1810, las bóvedas de Uspallata siguieron funcionando, pero surgió un cambio en la sociedad que dependía hasta ese momento del reino español. Cuatro años más tarde se la denominó “Compañía Patriótica de Minas”, y siguió funcionando durante la Guerra de la Independencia. 

 Durante la Campaña Libertadora a Chile, las tropas de Las Heras llegaron a Uspallata. Acamparon en las inmediaciones de la estancia, ubicada en la cabecera de la villa; al igual que la división de Beltrán. Esto indica la imposibilidad de que en las bóvedas se hubiese establecido el Ejército de los Andes, o que se hayan utilizado sus hornos para la fundición de piezas de artillería.
En los años posteriores los hornos siguieron funcionando, pero con menor frecuencia: se agotó el mineral de las minas aledañas. Al fallecer Moret, la sociedad quebró y el complejo quedó abandonado hasta mitad del siglo XX, cuando se restauró y se puso en valor el sitio.
Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/las-riquezas-que-la-montana-acuno

Damas a la hora del té, 1880 s


Orgullosa. Una joven Romana de Tirana, Albania, posa con atuendo tradicional en este autocromo de Luigi Pellerano, hecho en 1928. Aunque la imagen nunca figuró en National Geographic, la revista publicó cientos de imágenes de Pellerano durante la década de 1930.


Segunda Guerra Mundial. El gueto de Varsovia Boy



Ya hemos hablado del Levantamiento del gueto de Varsovia, cuando Judios en Varsovia, Polonia, lanzaron una revuelta de 10 días contra los soldados alemanes. Los Judios sabía muy bien que iban a ser derrotados, pero ellos no querían renunciar sin luchar. "El gueto de Varsovia chico" es el nombre dado a un joven judío, no más de 10 años de edad, que fue detenido por los soldados alemanes en el ghetto después de que el  levantamiento había sido aplastado. Las manos del muchacho no identificado se suscitaron en el aire, mientras que un soldado alemán señaló una ametralladora en él. Aunque la fotografía es una de las imágenes de mayor circulación del Holocausto, nadie sabe quién es el chico es o lo que le sucedió. Algunas fuentes dicen que fue gaseado a la muerte en el campo de Treblinka, mientras que otros dicen que sobrevivió. En 1999, un hombre llamado Avrahim Zeilinwarger contactó un museo israelí diciendo que el niño era su hijo, Levi Zeilinwarger, que fue gaseado a muerte en un campo de concentración en 1943. En 1978, un hombre no identificado en contacto con el Jewish Chronicle diciendo que el muchacho era su hijo. En 1977, una mujer llamada Jadwiga Piesecka afirmó que el muchacho era Artur Dab Siemiatek, que nació en 1935. 
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