UA-28861861-1 Fotos Antiguas de Mendoza, Argentina y el Mundo de cada década desde 1880: 08/17/15

lunes, 17 de agosto de 2015

San Martín, al Este del paraíso El sueño del prócer era, cuando se retirase de su carrera militar, radicarse en el Este del territorio mendocino, precisamente en Barriales. Una zona que los vecinos propusieron llamar Villa Nueva de San Martín.


Fueron dos las propiedades y terrenos que el General San Martín tomó posesión en nuestra provincia; la primera fue la donación que le hizo el Estado de 200 cuadras, en el actual departamento que lleva su nombre; la segunda, fue un solar adquirido por el Libertador en 1818 y ubicado en la Alameda en donde se ubica la biblioteca y museo sanmartiniano.
Pero, el Padre de la Patria soñaba con establecerse en aquellos terrenos del Este y luego de retirarse como militar, vivir tranquilo en su hacienda.
Poblar el Este mendocino
En octubre de 1816, mientras José de San Martín ostentaba el cargo de General en Jefe del flamante Ejército de los Andes, solicitó al gobierno de Cuyo, al mando de Toribio de Luzuriaga, unas 50 cuadras de tierras en el Este del territorio mendocino en el lugar denominado los Barriales.
El Cabildo, no solamente le adjudicó estas tierras sino que les agregó unas 200 cuadras más para su hija Mercedes. 
Además, el goberndor Luzuriaga a través de su asesor, propuso que se levantase una columna en honor al Libertador, en la plaza de la nueva villa que se iba a establecer.
Con el fin de entusiasmar a los vecinos, se iniciaron los trabajos para llevar agua del río Tunuyán a la zona, canalizar, abrir un camino y desecar terrenos. Durante la campaña libertadora Chile, el General San Martín, donó tierras a aquellos que se habían destacado en las batallas de Chacabuco y Maipú.
Después de liberar a Chile y Perú, el Padre de la Patria, intentó refugiarse en aquella chacra en la zona de los Barriales para pasar allí una vida tranquila, lejos de las batallas y la política, y dedicándose a la agricultura.
El general en su laberinto
En 1823, bajo el gobierno de Pedro Molina y encontrándose el General José de San Martín en su chacra, se procedió a la delineación de la plaza y sitio para la capilla. Los vecinos de la villa nueva en los Barriales propusieron denominarla Villa Nueva de San Martín, en honor del prócer.
Luego, la situación de anarquía que reinaba en el país y después de sufrir duros ataques por parte de sus enemigos, José de San Martín decidió exiliarse en Europa, dejando su chacra primero en manos de su apoderado Pedro Núñez y luego a Pedro Advíncula Moyano quien cuidó de ella por muchos años.
A pesar de vivir en Europa, San Martín sabía cada uno de los movimientos que se daban en sus tierras gracias a la periódica correspondencia que mantenía con su administrador. 
En aquellos tiempos, la chacra funcionó como criadero de caballos llamados "braceadores" que San Martín había traído desde Chile.
Debido a la escasa productividad de las tierras, Moyano insistió en varias ocasiones con vender la chacra, pero San Martín siempre rechazó la propuesta porque tenía la esperanza de algún día regresar y radicarse definitivamente a nuestra provincia.
La hacienda "Mi Tebaida"
El General San Martín la denominó a su hacienda "Mi Tebaida". Este nombre tiene varios significados; uno de ellos es un poema épico latino compuesto por Estacio, pero también esta palabra era una región del antiguo Egipto muy cerca a Tebas.
Esta zona tenía varios predios cultivados tenían alfalfa, con la que se engordaban los vacunos que se vendían en Chile, práctica que era la base de la economía nacional. Además, se enumeraban alrededor de 2 mil álamos, 40 sauces, algunos, membrillos, higueras y un olivo. 
Se cree que la casa era alargada, con un techo que tenía unas cinco cúpulas o bóvedas, dos mayores en los extremos y tres más pequeñas al centro.
En 1871, su hija Mercedes y su esposo Mariano Balcarce decidieron, a través de su apoderado, vender aquella hacienda. Al año siguiente, el predio fue adquirido por Saturnino Alvarez y en 1882 después fue adjudicados a su hija Claudina. 
Años posteriores, la chacra pasó a distintos dueños, hasta que finalmente una porción de ella, con la Casa de las Bóvedas construidas por Ricardo Palencia, fue donada a la Municipalidad de San Martín en 1970, por la firma Echesortu y Casas, con destino a Museo.
http://www.losandes.com.ar/article/san-martin-al-este-del-paraiso

Pabellón de los Leones en el antiguo Zoológico de Mendoza en el Parque del Oeste, actual Parque San Martín. Principios siglo XX. Mendoza


Por las tardes, si no recibía visitas, San Martín aprovechaba y realizaba ejercicios físicos.


Daniel Balmaceda

Calle Necochea, desde calle San Martín. Principios siglo XX. Ciudad Capital de Mendoza


Calle Sarmiento, desde calle San Martín (año 1916). Ciudad Capital de Mendoza


Archivo de la Municipalidad de la Ciudad Capital de Mendoza

Nuestras invasiones inglesas Luego de las invasiones inglesas de 1806, Mendoza recibió 250 prisioneros británicos. Algunos, una vez liberados, prefirieron quedarse.


El 12 de Agosto se conmemora el día de la reconquista de Buenos Aires luego de la invasión inglesa de 1806. 
Los mendocinos no fueron ajenos a estos acontecimientos ya que, meses después de esta fecha, la población recibió a 250 prisioneros británicos. 
Lo que no nos contaron en la escuela
En 1805, un flota de la Armada inglesa, al mando de Sir Home Rigg Popham partió desde el puerto de Porstmouth (Gran Bretaña) con más de 7.000 hombres.
En un principio esta flota tenía el objetivo de atacar América del Sur, pero el ministro de guerra Lord Castlereagh dio orden de invadir el Cabo de la Buena Esperanza (Sudáfrica). Las naves llegaron a Bahía (Brasil) y luego se dirigieron hacia el continente africano con rumbo final al objetivo trazado.
El ejército británico avanzó sobre el Cabo de la Buena Esperanza, defendido por los colonos Bátavos (hoy Países Bajos) y, después de varias batallas, el territorio fue conquistado. Entonces, Popham apuntó a las colonias españolas en el Río de la Plata.
En abril de 1806, más de 1.500 hombres al mando del general William Carr Beresford zarparon de Ciudad del Cabo. En su mayoría  las  tropas pertenecían al regimiento de infantería escocés Nº 71.
¿Sobremonte un cobarde?
A mediados de 1805, las autoridades del virreinato del Río de la Plata, especulaban con la posibilidad de que los británicos invadieran Buenos Aires.
El entonces virrey Rafael de Sobremonte, pidió a España reforzar con tropas el territorio. También, hizo lo mismo a las autoridades de las provincias interiores del Virreinato, solicitando armamento y el reclutamiento de milicianos pero, por diferentes motivos, esos refuerzos nunca llegaron.
El 23 de junio, las naves fondearon en las costas de Quilmes, pocos kilómetros al sur de Buenos Aires. Dos días después, las tropas del regimiento 71 Highlanders desembarcaron en Quilmes y avanzaron hacia la ciudad de Buenos Aires, al son de las gaitas escocesas.
A llegar a la capital del Virreinato del Río de la Plata, los funcionarios reales se rindieron ante Beresford quien tomó posesión de la ciudad y rebautizó a Buenos Aires con el nombre de Nueva Arcadia.
El entonces virrey, se retiró con sus tropas hacia Córdoba con el objetivo de efectuar una ofensiva, pidiendo la colaboración de hombres y pertrechos para la resistencia y nombró a esa ciudad capital del Virreinato del Río de la Plata. 
 Por su parte, los vecinos de Buenos Aires se reunieron para dar resistencia e iniciaron una guerra sin cuartel por las calles; desde las azoteas y techos arrojaban piedras, pedazos de tejas, agua y aceite hirviendo. 
Al mando de Santiago de Liniers, y luego de varios días de lucha, el general Beresford se rindió y firmó la capitulación el 20 de agosto. 
Gran parte de los prisioneros británicos fueron enviados a diferentes provincias incluyendo Cuyo. 
Con el orgullo por el piso
En noviembre de 1806, llegaron a Cuyo más de 250 de los 1.500 soldados británicos prisioneros del regimiento 71 que se habían rendido en Buenos Aires, luego de viajar más de 40 días en carreta.
Cuando los primeros apresados pisaron tierra mendocina, muchos vecinos protestaron y sugirieron al Cabildo que se los destinara a lugares alejados y que no ocuparan las instalaciones del cuartel de la Cañada.
El comandante de armas Faustino Ansay estuvo de acuerdo en un principio y ordenó que los más revoltosos fueran enviados al fuerte de San Rafael. Se realizó una selección e inmediatamente 50 hombres partieron hacia ese lugar.
A los pocos días, otros 50 marcharon a la finca del comandante Teles Meneses en Luján de Cuyo y el resto se ubicó en el cuartel principal de la Ciudad. Allí, se montó una guardia especial compuesta por un oficial, un sargento, un cabo y 15 soldados milicianos quienes vigilaban día y noche las actividades de estos presos. 
Entre los 150 prisioneros que se establecieron en el cuartel, se encontraban 40 mujeres y 32 niños. Estos civiles eran parte de la tropa, ya que, por aquellos tiempos,  los soldados podían llevar a esposas e hijos a las campañas militares.
Con el correr del tiempo, estos soldados fueron empleados para realizar trabajos en las fincas o en las obras públicas como el aseo de las calles o el arreglo de edificios.
En 1808, los gobiernos de España y Gran Bretaña firmaron un armisticio. Los prisioneros distribuidos en distintos sectores del Virreinato regresaron a su país de origen, aunque algunos eligieron quedarse. Por ese motivo tuvieron que convertirse al catolicismo y fueron bautizados con nuevo nombre y apellido.
Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/nuestras-invasiones-inglesahttp://www.losandes.com.ar/article/nuestras-invasiones-inglesas

Lo que la vía del Trasandino nos dejó Un arqueólogo mendocino cuenta los viajes que realizó con un equipo de especialistas por la traza del ex ferrocarril, entre la destilería de Luján y Las Cuevas. Encontraron vestigios de otras épocas, un significativo patrimonio cultural que relevaron y registraron.

Con nuestro equipo de investigaciones trabajamos a fines de 2009 y luego a principios de 2010 siguiendo la traza del ferrocarril Trasandino, entre la zona de la Destilería de Luján de Cuyo, área de la futura estación de inicio del tramo internacional de un nuevo emprendimiento viario para cargas, hasta el sector de Las Cuevas, relevando y registrando el patrimonio cultural significativo asociado, haciéndolo particularmente con respecto al arqueológico.

Contamos para esto con la autorización de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de Mendoza, el apoyo económico de la empresa GyG -mandataria de Corporación América-, el aporte del licenciado Matías Ambasch y la colaboración de los integrantes profesionales de nuestro equipo, Pablo A. Cahiza, Jorge García Llorca, Juan Pablo Aguilar, Sebastián A. Carosio, Lourdes Iniesta, y de las estudiantes universitarias avanzadas, Vanina V. Terraza y M. Rosa Martínez.

El recorrido pedestre implicó unos ciento ochenta kilómetros por la traza ferroviaria en desuso, que en varios tramos estaba desprovista de rieles o bien los tenía bajo derrumbes o expuestos sobre socavones, mientras que muchos puentes estaban deteriorados, había faltantes de durmientes o directamente existían zonas donde se levantaron rieles y durmientes.

No obstante, esta gran obra de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en uso hasta la segunda mitad de este último, mantiene muchas de sus notables características de infraestructura, en un ambiente ciertamente grandioso, como es el de las quebradas de los ríos Las Cuevas y Mendoza, coronadas por las cordilleras y precordillera del noroeste de Mendoza. 

Seguir ese extenso trayecto y ajustar la prospección arqueológica a la porción posible por ambos lados de las vías nos demandó un considerable planeamiento logístico, particular esfuerzo físico y no menor dosis de riesgo, con lo que aquilatamos mejor lo que todos sabemos sobre esta grandiosa obra, que cuelga de cornisas, avanza por túneles en las entrañas de la montaña, salva con numerosos puentes cursos con o sin agua y, en pasos de vértigo, el propio río Mendoza, alcanzando las mayores alturas hasta el que ahora parece poco extenso túnel trasandino, que el proyecto actual dispone a más baja altura, con largo de varias decenas de kilómetros, de Punta de Vacas-Penitentes hasta alcanzar tierras chilenas. 

Desplegados siguiendo transectas equidistantes, con la central orientada por la vía o lo que quedara de la traza, o lo que dispusieron las posibles variantes de derroteros, nos adentramos prácticamente en otra dimensión, donde la perspectiva habitual de lo ferroviario, vista desde las rutas vehiculares o desde la representación de lo viario que teníamos por antiguas prospecciones nuestras del área que lo involucraron, varió sensiblemente implicando sin duda un ambiente particular, que al esfuerzo de restauración, nueva obra de ingeniería y operación de uso, deberá sumar un plan de manejo patrimonial cultural específico. 

Es que la historia del trasandino esta objetivada en materiales, propios de la infraestructura, que a vías y durmientes suma la arquitectura e ingeniería conexa, añadiendo incluso las referencias a los procesos socio-económicos y políticos, de las épocas desde su construcción hasta su declinación. 

La aseveración precedente es apuntalada por los restos, en distintas condiciones de conservación, que pasan, por ejemplo, de los correspondientes a las estaciones donde campean carteles alusivos al segundo Plan Quinquenal del Gobierno nacional justicialista de los años 50 del siglo pasado (“Secunde nuestro 2º plan quinquenal”), hasta alcanzar referencias que hoy apreciamos significativas, como la alusión textual a los fabricantes del notable puente de metal que cruza el río Mendoza a la altura de Tambillitos (“Établissments Daydé 1933- París -1933”). 

Además, la relativa a quienes, -suponemos hasta mejor confirmación-, tendrían que ver con el proyecto a través del tiempo (placa con una cruz: Ivan Kralj. Falleció 18/9/ 1943); las más modernas de revalorización de antiguas gestas por el mismo trayecto (placa de la UNCuyo en Polvaredas, junto a la vía, rememorando el paso del batallón al mando de Las Heras, durante el inicio de la Campaña Libertadora de San Martín, de enero de 1817) o bien, entre otros, las que nos parecen particularmente relevantes, de la persistencia de los vestigios de la antigua infraestructura más elemental, de construcciones de piedra y de recintos pircados, propios de habitaciones y de horno de cal por ejemplo, y los restos que albergan, estando todos asociados con diversos usos durante las fases constructivas y de operaciones del ya centenario ferrocarril. 

Tamaña cantidad de hitos de este itinerario cultural particular, donde destacan sin duda estaciones del ferrocarril trasandino en diferente estado de conservación como, por citar algunas, la de aguas abajo de Penitentes, hoy utilizada para un Museo, la de Punta de Vacas, Polvaredas, Tambillitos, la existente en el km ferroviario Nº 1.191, las de Uspallata y Guido, implican asimismo un contexto pre histórico de evidencias de los usos del corredor andino, donde persisten por ejemplo tres casuchas cordilleranas (“Casuchas del Rey” del correo de época colonial, siglo XVIII en adelante, en Los Puquios, Paramillo de Las Cuevas y Las Cuevas), que son monumento histórico nacional y que la Honorable Legislatura Provincial proyecta en estos días preservar especialmente, al igual que pueden reconocerse vestigios de la vialidad incaica y un conjunto de recintos pircados de esa época (fines del siglo XV, principios del XVI) en Tambillitos, por ejemplo. 

A todo esto hay que sumarle lo que también con nuestras prospecciones arqueológicas reconocimos, como ser los desechos, restos de materiales propios de la construcción y uso del FFCC. 

Presentes a lo largo del recorrido, donde los dejamos in situ, evidencian por ejemplo las vajillas (de loza o vidrio), que acusan por sus modelos el lapso de los usos de época, al igual que otros restos (de envases de lata o vidrio) registran lo atinente a alimentos y bebidas consumidas en un itinerario de máquinas y vagones, que sumaba a la carga y el transporte de pasajeros, la función turística. 

Quizás para nosotros fue más relevante registrar en el extenso trayecto, especialmente en el área de la Estación Uspallata hasta Las Cuevas, nuevos sitios arqueológicos prehistóricos, que van desde los incaicos que alcanzan el sector de Punta de Vacas, donde venimos trabajando hace años, pasando por los propios de arrieros del tránsito colonial y de época independiente o bien, retrotrayéndonos en el tiempo, los de grupos de la etapa de los pueblos originarios con agricultura y con cerámica previa a los inca o bien directamente de los agrupamientos de cazadores recolectores que se desplazaban estacionalmente por el corredor, tras la fauna de camélidos como el guanaco, pudiendo todos seguramente trasponer el umbral de los pasos cordilleranos, camino trasandino que actualmente se pretende nuevamente reeditar por tren. 

A nuestra labor de investigación añadimos la acción de colaborar con un registro patrimonial cultural, sumándonos al que otros profesionales y aficionados han desplegado, con el fin de la mejor sustentación de un proyecto de restauración ferroviaria que apreciamos beneficioso y que, hasta donde sabemos y dentro del marco normado por la legislación, busca un desarrollo sustentable, con un plan de manejo cultural conforme con la correspondiente autoridad de aplicación.


Textos y fotos: Roberto Bárcena, investigador del Incihusa, Conicet y la UNCuyo

http://www.losandes.com.ar/article/trasandino-dejo-541631
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