UA-28861861-1 Fotos Antiguas de Mendoza, Argentina y el Mundo de cada década desde 1880: 06/20/15

sábado, 20 de junio de 2015

Doña Petrona C. De Gandulfo. Como hacer Facturas. Buenas Tardes Mucho Gusto (década de 1960/70) - Petrona C. De Gandulfo . How to make invoices . Good afternoon Mucho Gusto

Escuadrillas Aéreas Italianas, en el Aeropuerto de El Plumerillo. (Noviembre 1937) Mendoza - Italian Air squadrons in El Plumerillo Airport .


El Cassette Emoción Ochentosa.


Billete Unión Cívica Radical Lencinista.


Gentileza Hector Mazorco

Escena carneo en precordillera de Mendoza (año 1916) - Cameo scene in foothills of Mendoza ( 1916 )


Oficio de Manuel Belgrano al Gobierno, dando cuenta que cumplirá con la orden de deshacer la bandera creada. - Manuel Belgrano office of the government, realizing that it will comply with the order to undo the set flag.

Excelentísimo Señor
Debo hablar a Vuestra Excelencia con la ingenuidad propia de mi carácter y decirle, con todo respeto, que me ha sido sensible la reprensión que me da en su Oficio del 27 del pasado, y el asomo que hace de poner en ejecución su autoridad contra mí, si no cumplo con lo que se manda relativo a la Bandera Nacional, acusándome de haber faltado a la prevención del 3 de Marzo, por otro tanto que hice en el Rosario.
Para hacer ver mi inocencia, nada tengo que traer más a la consideración de Vuestra Excelencia, que en 3 de Marzo referido no me hallaba en el Rosario; pues, conforme a sus ordenes del 27 de Febrero, me puse en marcha el 1 ó 2 del insinuado Marzo, y nunca llegó a mis manos la contestación de Vuestra Excelencia que ahora recibo inserta; pues a haberla tenido, no habría sido yo el que hubiese vuelto a enarbolar tal Bandera, como interesado siempre en dar ejemplo de respeto y obediencia a Vuestra Excelencia, conociendo que de otro modo no existirá el orden, y toda nuestra causa irá por tierra.
Vuestra Excelencia mismo sabe que sin embargo de que había en el Ejército de la Patria cuerpos que llevaban la escarapela celeste y blanca, jamás le permití en el que se me puso a mandar, hasta que viendo las consecuencias de una diversidad tan grande, exigí de Vuestra Excelencia la declaración respectiva.
En seguida se circuló la orden, llegó a mis manos; la batería se iba a guarnecer, no había bandera, y juzgué que sería la blanca y celeste la que nos distinguiría como la escarapela, y esto, con mi deseo de que estas Provincias se cuenten como una de las Naciones del Globo, me estimuló a ponerla.
Vengo a estos puntos, ignoro, como he dicho, aquella determinación, los encuentro fríos, indiferentes y tal vez enemigos; tengo la ocasión del 25 de Mayo; y dispongo la Bandera para acalóralos y entusiasmarlos, ¿y habré por esto cometido un delito? Lo sería, Excelentísimo Señor, si, a pesar de aquella orden, yo hubiese querido hacer frente a las disposiciones de Vuestra Excelencia; no así estando enteramente ignorante a ella; la que se remitiría al Comandante del Rosario, y la obedecería, como yo lo hubiera hecho si la hubiese recibido.
La Bandera la he recogido, y la desharé para que no haya ni memoria de ella, y se harán las Banderas del Regimiento Nº 6 sin necesidad de que aquella se note por persona alguna; pues si acaso me preguntaren por ella, responderé que se reserva para el día de una gran victoria por el Ejército, y como ésta está lejos, todos la habrán olvidado, y se contentarán con lo que se les presente.
En esta parte Vuestra Excelencia tendrá su sistema; pero diré también, con verdad, que como hasta los Indios sufren por el Rey Fernando VII, y les hacen padecer con los mismos aparatos que nosotros proclamamos la Libertad, ni gustan oír nombre de Rey, ni se complacen con las mismas insignias con que los tiranizan.
Puede Vuestra Excelencia hacer de mi lo que quiera, en el firme supuesto de que hallándose mi conciencia tranquila, y no conduciéndome a esa, no otras demostraciones de mis deseos por la felicidad y glorias de la Patria otro interés que el de esta misma, recibiré con resignación cualquier padecimiento; pues no será el primero que he tenido por proceder con honradez y entusiasmo patriótico.
Mi corazón está lleno de sensibilidad, y quiera Vuestra Excelencia no extrañar mis expresiones, cuando veo mi inocencia y mi patriotismo apercibidos en el supuesto de haber querido afrontar sus superiores ordenes, cuando no se hallará una sola de que se me pueda acusar, ni en el antiguo sistema de gobierno, y mucho menos en el que estamos, y que a Vuestra Excelencia no se le oculta cuanta especie de sacrificios he hecho por él.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
Jujuy, 18 de Julio de 1812.
Excelentísimo Señor
Manuel Belgrano

Fuente: Archivo general de la Nación

Manuel Belgrano en Vilcapugio.


Un gran experto en remar contra la corriente fue Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. No la tuvo fácil cuando recibió lo que quedaba del desmoralizado Ejército del Norte que había sido vencido en Huaqui, en el Alto Perú. Sin embargo, a fuerza de voluntad y del importante núcleo de resueltos patriotas del norte que lo apoyaron, el exitoso abogado y economista porteño logró remontar las fatalidades y el Ejército del Norte renació en las batallas de Tucumán (en septiembre de 1812) y Salta (en febrero de 1813). ¿Próximo destino? Alto Perú.

La pampa de Vilcapugio se presentó como una escala más a vencer. Las fuerzas patriotas, compuestas por 3600 hombres, tenían confianza. Aunque no estaban bien equipados, el viento a favor de las victorias previas se hacía sentir. La bandera creada por Belgrano marcaba presencia en el territorio.
El choque fue desigual en la mañana del 1 de octubre de 1813. El hostigamiento de la artillería patriota y la decidida carga de dos batallones del Regimiento de Pardos y Morenos desarmó el centro enemigo. Comenzó el desbande y no hubo realista que no pegara la vuelta dispuesto a salvar el pellejo.
Los nuestros se lanzaron en una carrera alocada, primero para empujarlos fuera del campo y luego para atrapar enemigos, pertenencias de enemigos, armamentos, animales y todo aquello que pudiera servir como trofeo. Sin embargo, surgió un sonido inesperado: una trompa sonó tocando retirada.
Sin posibilidades de comprender qué estaba ocurriendo, los patriotas pegaron la vuelta de inmediato y pasaron de perseguidores a perseguidos. El caos se apoderó de la escena.Belgrano, sorprendidísimo, actuó sin demora. Tomó la bandera, trepó a un morro y ordenó a un corneta que dejara los pulmones llamando a reunión. La imagen era imponente. Belgrano, desde la cima de un morro, con la bandera en alto, desafiando una vez más todas las calamidades.
¿Cuántos acudieron? Trescientos. Unos montaban, otros estaban a pie; algunos, más enteros, cargaban heridos. Otros se arrastraban. Allí estaban Diego Balcarce, Eustoquio Díaz Vélez, Gregorio Perdriel y también Lorenzo Lugones, quien años más tarde evocó aquella complicada tarde, la del 1 de octubre de 1813:
“El sol se había inclinado demasiadamente al ocaso y el ejército de la patria en aquella desgraciada hora reducido a miserables restos, se apiña en torno de su general: este, después de haber pasado por mil lances fatigosos, parecía que se hubiese extasiado en la contemplación de aquellos fatales momentos, con la calma que suele sobrevenir después de grandes y extraordinarias agitaciones; parado como un poste en la cima del morro y los ojos fijos, sobre un campo cubierto de cadáveres y ensangrentados despojos”.

Pero pronto reaccionó y dijo a sus hombres: “Soldados, ¿conque al fin hemos perdido después de haber peleado tanto? La victoria nos ha engañado para pasar a otras manos, pero en las nuestras aún flamea la bandera de la patria”.
El general sabía que la única oportunidad, si había alguna, era salir de ahí esa misma noche.Pero no lo haría de manera miserable ni desorganizada. No era un sálvese quien pueda, sino un salvemos a los trescientos.
“Tan luego como acabó de anochecer –escribió Lugones–, el general arregló personalmente nuestra retirada, mandó desmontar toda la poca caballería que se había reunido con don Diego Balcarce y colocó en el centro a todos los heridos que se acomodaron de a dos y de a tres en cada caballo, sin exceptuar ni el del general. Y luego encargando a un jefe, don Gregorio Perdriel, el cuidado de la columna en marcha, lo colocó a la cabeza entregándole la bandera para que la condujese”.
¿Dónde marchó Belgrano? Eso también lo respondió Lugones: “Cargando al hombro el fusil y cartuchera de un herido, se colocó a la retaguardia de todos y dio la orden de desfilar”.
Lograron evadir la vigilancia enemiga. Esa noche salieron de la boca del lobo en silencio, sacando a todos los heridos. Por delante de la columna, la bandera. Cuidando las espaldas de los trescientos, con el fusil al hombro, su comandante, el general Manuel Belgrano.
Extraído de “Estrellas del pasado”, libro de mi autoría,
publicado por Editorial Sudamericana
Fuente: http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/libros/manuel-belgrano-en-vilcapugio/.

Oficio de Manuel Belgrano al gobierno de Buenos Aires, comunicándole que " siendo preciso enarbolar bandera", la ha mandado "hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional". Rosario, 27 de febrero de 1812.

Transcripción:
Excelentísimo Señor:
En este momento que son las 6 y 40 de la tarde, se ha hecho la salva en la batería de la Independencia y queda con la dotación competente, por los tres cañones y se han colocado las municiones y la guarnición.
He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes que se formasen todas aquellas, y les hablé en los términos de la copia que acompaño.
Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de Vuestra Excelencia.
Dios guarde a Vuestra Excelencia, Rosario 27 de febrero de 1812.
Excelentísimo Señor
Manuel Belgrano
Excelentísimo Gobernador Superior de las Provincias del Río de la Plata

Archivo General de la Nación

1920 fotografía aérea de la Torre de Londres y el Tower Bridge


Trabajadores rurales, siglo XIX. - Rural workers , XIX century.


Archivo General de la Nación

Silla y sillón utilizados durante la primera Cámara de Diputados de la Nación. - Chair and chair used during the first Chamber of Deputies .


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