UA-28861861-1 Fotos Antiguas de Mendoza, Argentina y el Mundo de cada década desde 1880: 03/22/15

domingo, 22 de marzo de 2015

Ferrocarril Trasandino. Tren en el Puente de los Suspiros, en cercanía de Las Cuevas. Mendoza


Carreras de Vespa en el tejado de la fábrica FIAT, Turín, Italia.


Los libreros de 1900 París


Perdidos en la Cordillera

La curiosa y arriesgada vida de dos controladores aéreos que trabajaban en construcciones de piedra y chapa frente al Cristo Redentor, en la década del 30.

En  medio de la cumbre a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar, enfrente del Cristo Redentor se encuentra unas construcciones de piedras con techos de chapa que fueron construidas hace más de 80 años. Allí se encontraba la vieja estación de control aéreo y meteorológico de la empresa estadounidense Panagra. Por muchos años, dos intrépidos hombres llamados Gregorio Neumosoff y Reinaldo E. Abelda, dejaron parte de su vida, lidiando con el frío y la soledad para supervisar los vuelos entre Mendoza y Santiago de Chile. 
Un observatorio en el cielo 
En mayo de 1933 los radiotelegrafistas Neumosoff y Abelda comenzaron con su trabajo en aquella inhóspita estación.
La jornada empezaba desde la estación de Las Cuevas luego de marchar a lomo de mula por más de tres horas, llegaba al refugio en donde se encontraba el observatorio. El edificio sólo se unía al mundo civilizado por medio de la radio y del teléfono. Las instalaciones se componían de un techado especial con cielo raso aislante de los intensos fríos y pisos de madera. También, tres pequeñas habitaciones formaban el observatorio con una pequeña torre. 
Un día a 4000 metros de altura
A las 4 de la madrugada, Gregorio Neumosoff se levantaba y después de asearse y desayunar iniciaba su tarea. A las  6.40 horas, encendía el radio para iniciar la conexión con el vuelo que había partido de Chile. Durante la intercomunicación, el radiotelegrafista aportaba las condiciones meteorológicas de la cordillera. Mientras tanto, cada quince minutos el avión informaba sobre la posición. 
Los aviones tenían el huso horario de la ciudad de Nueva York.  Neumosoff transmitía el estado del tiempo tres veces al día a las dos aeroestaciones. También orientaba a los pilotos, en caso de mal tiempo, a tomar una ruta alternativa. Luego de este breve intercambio con la civilización, todo volvía a la absoluta soledad. 
Gregorio Neumosoff era el encargado y radiotelegrafista del observatorio, antes de tener este oficio fue empleado del ferrocarril Trasandino. El estaba habituado a la vida de montaña desde hacía muchos años. En cambio, su compañero, el mendocino Reinaldo E. Abelda, se encargaba de las tareas meteorológicas.
Después de la tarea,  los dos operarios de la estación mataban el aburrimiento leyendo libros de Spencer, de José Ingenieros y otros autores.  
En el interior del refugio se hacía agradable por las estufas a querosén que estaban encendidas permanentemente; mantenían la temperatura a unos 18 grados, pero en una ocasión casi mueren intoxicados. 
A pesar de las inclemencias del tiempo y la soledad, ambos estaban bien abastecidos de provisiones, al punto que la leña y carbón alcanzaban para ocho meses.
El observatorio poseía un receptor de radiotelegrafía bastante adelantado para su época.
Contaban también con un teléfono que comunicaba directamente a las oficinas de la Panagra, una en el campo aéreo de "Los Tamarindos" en Mendoza y la aeroestación de Santiago de Chile.
En el exterior de la construcción y como complemento de aquellos aparatos de comunicación, disponían de instrumental meteorológico: anemómetro para medir la velocidad de los vientos, barómetro, termómetros y una veleta.
Arriesgando el pellejo 
A metros de la estación, la compañía Panagra colocó un pasamanos de soga de 100 metros de largo para seguridad del observador que necesitaba cerciorarse del estado del tiempo. En una oportunidad el meteorólogo Abelda, fue sacudido por una ráfaga de viento y gracias a esa soga pudo salvarse de caer a un precipicio.
Estos dos héroes comprometidos con su trabajo, estuvieron soportando las inclemencias del tiempo y aislado de todo contacto con el hombre por años con el objeto de informar las condiciones meteorológicas que existían en aquel punto.
Muy poco se supo de estos héroes casi anónimos quienes arriesgaron sus vidas para cumplir con su misión.
El meteorólogo Reinaldo E. Abelda, falleció a mediados de los ‘50 en Mendoza. Mientras que Gregorio Neumosoff, nada se supo de él.

La plaza San Martín, la Iglesia de San Francisco con sus torres y el actual Banco Galicia...


Deportes en el Recuerdo. 7 Imágenes de la temporada del año 1977 del Ciclismo de Mendoza (mes de Enero)

Araujo y Kadiajh despegados del resto al comienzo de la carrera.

Esquivel, Ponce, Araujo, Funes, Navea, Serrano, Salvini, Toscano, Villar, Fracchia, Aguero y Carmeno por la Panamericana, cuando tenían dos minutos de ventaja sobre el resto de los competidores en Viñas y Sierras

Fugados Villar, Fracchia, Cortez, Sabatini, Navea Kadiajh y Araujo, transitando por el Carril Maza

Juan Carlos Carmeno vencedor por cuarta vez en la temporada. Ahora en la Doble Rivadavia

Magnífica Visión Panorámica, con el Tupungato de Telón de fondo cuando los 12 fugados cumplían con la cuarta vuelta del premio Armando J. Conti. Carmeno ganó en el embalaje final

Pelotón en busca de los fugados, sin conseguirlo hasta el final de la prueba.

Salvini, al pasar por Vistalba, tras 45 km. de marcha solitaria








Así debían caminar las mujeres según las buenas costumbres

Tanto los caballeros como las damas sabían que debían practicar estas disposiciones para ser reconocidos socialmente. Muchas se perdieron, otras se modificaron y otras... podrían recuperarse.


En la Argentina, a comienzos del siglo XX, una buena parte de la sociedad seguía a rajatabla usos y costumbres “refinados” o “de buena educación”, que se redactaron en Tratados de Urbanidad y que eran aprendidos y aplicados rígidamente. ¿Algo a nuestro favor? Las damas y las personas mayores eran siempre el centro de las atenciones y gozaban del mayor de los respetos.
Tanto los caballeros como las damas, sabían que debían practicar estas disposiciones para ser reconocidos socialmente. Muchas de estas costumbres se perdieron, otras, dados los cambios de la sociedad actual, se modificaron radicalmente y otras, en mi humilde opinión, podrían recuperarse. Pasemos a los ejemplos.
En primer lugar nos dedicaremos a reglamentar la conducta de las féminas en la vía pública. Primera llamada de atención: era de muy mal gusto que las mujeres caminaran sacando las caderas o balanceándolas (Imaginemos cómo lo tomarían hoy las modelos que desfilan.) 
Otra actitud totalmente reprobable era que las mujeres caminaran con las manos en los bolsillos, porque “les daba aire de demasiada desenvoltura”. ¿Un detalle a cuidar respecto a la coquetería?: el taconeo al caminar, porque de esa forma se llamaba la atención de todos, y esto tampoco era aceptado por las buenas costumbres.
Ahora les toca el turno a los caballeros. Ellos también estaban sujetos a reglas estrictas. Aquí van algunas. Por ningún motivo debían caminar con las manos en los bolsillos del saco o del pantalón, aunque sí podían guardarlas en los bolsillos del sobretodo, en esa prenda sí estaba permitido.
Otra prohibición que había que tener muy en cuenta: ningún hombre y bajo ninguna excepción, podía detener en la calle a una dama, si no tenía una gran diferencia de edad con ella (las buenas costumbres ordenaban que él siempre debía ser mayor que ella).
Y aquí va un avance de lo que vendrá: para poder hablar con las féminas, existían lugares, horarios, atuendos y momentos establecidos, pero de esto les contaré más adelante.
Aquí va la última regla, vetusta y en desuso, destinada a la juventud: los señoritos tenían la importante tarea de llevar del brazo a las damas de cierta edad en cualquier lugar y sin protestar.
Pasaremos brevemente a explicar qué debían tener en cuenta las parejas que transitaban por la vereda, y aclaramos esto porque caminar por la calle era una acción que a nadie se le disculpaba y era hasta repudiable.
Si una pareja caminaba por la vereda, debían hacerlo por un costado, nunca por el centro, para no impedir el paso de las personas, cosa muy loable pensando en el bienestar y prisa de los demás, pero no muy recomendable en nuestra realidad de inseguridad y violencia.
Los novios o matrimonios no podían desplazarse dándose el brazo, ya que esa acción quedaba reservada solo cuando iban a los salones de baile. Sobre las fiestas y bailes de la alta sociedad argentina hay también mucho para contar… 
¿Una ley incuestionable en 1900 y que consideraríamos una locura en 2014? Estaba absolutamente prohibido por las buenas maneras, detenerse en la vereda para entablar una conversación. En cambio para nosotros hoy, es una conducta que deberíamos aplaudir y estimular, ya que las redes sociales, los celulares e Internet hacen que nuestras relaciones con los demás sean cada vez más virtuales y más distantes.
Pero como no todo tiempo pasado fue peor, antes de terminar hay dos reglas de antaño que deberían ser reflotadas hoy. Los caballeros de principios de siglo caminaban siempre del lado de la calle, ofreciendo el lado de la pared a las damas con el fin de protegerlas y resguardarlas y finalmente, una obviedad, un gesto que a ningún caballero escapaba y que era una regla de oro para la época: los hombres cedían el paso a las damas en todas las circunstancias en que se cruzaran.
Entonces, no todo tiempo pasado fue peor, pero nuestro presente puede y merece ser mejorado. ¿A ustedes qué les parece?

En tiempos de crisis en la República romana, se nombraba a una persona que asumía todos los poderes. Como las leyes no se debatían, sino que él las dictaba, se lo llamó "dictador".


Daniel Balmaceda

Vandalismo Urbano año 1946.

video

Archivo General de la Nación

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